Escuela IA · Nivel 4 · Caso práctico · Automatizar de verdad

Los encargos que nadie recoge: una hoja que te avisa sola, sin mandar nombres a ningún sitio

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La situación. Detrás del mostrador hay una estantería de encargos: bolsas con un papel grapado, nombre y teléfono. Algunas llevan allí tres semanas. Nadie sabe cuáles hasta que alguien las repasa una por una, y cuando se repasa aparecen productos que ya habría que devolver al proveedor y personas a las que nadie llamó.

Es un buen primer proyecto de automatización porque el problema es pequeño, está acotado y se ve enseguida si funciona. Pero es también un caso donde la tentación va en la dirección equivocada: «que la IA lea los encargos y mande un WhatsApp a cada cliente». Eso mezcla datos de salud de personas identificadas, un servicio externo y un envío automático sin nadie delante. La solución buena es mucho más modesta: una hoja de cálculo con fórmulas que ordena y marca, escrita con ayuda de la IA, que corre en tu ordenador y no manda nada a ningún sitio. El aviso al cliente lo decide y lo hace una persona.

Lo que necesitas tener a mano: La hoja o libreta donde apuntáis los encargos (no va al chat: se trabaja con una copia inventada que tiene las mismas columnas), una hoja de cálculo cualquiera, y el caso de una hoja de caducidades que se revisa sola, que usa el mismo mecanismo con un problema parecido.

Paso a paso

  1. Decide qué datos tiene que tener cada encargo

    Antes de cualquier fórmula, mira cómo apuntáis hoy los encargos. Lo normal es que falte justo lo que hace falta para automatizar: la fecha en que el producto llegó a la farmacia, que es desde cuando cuenta la espera. Sin esa fecha no hay nada que calcular.

    Las columnas mínimas son cinco: un número de encargo, la fecha de llegada, el producto, un teléfono de contacto y el estado (esperando, avisado, recogido, devuelto). El nombre del cliente puede estar, pero no hace falta para nada de lo que viene: el número del encargo, escrito también en la bolsa, identifica la bolsa sin que la hoja lleve nombres.

    Y una columna que casi nadie pone y lo cambia todo: la fecha de aviso. Sin ella, no sabes si «lleva tres semanas» significa «lleva tres semanas sin que nadie le llame» o «le llamamos hace dos semanas y no ha venido».

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