Escuela IA · Nivel 1 · Caso práctico · Primeros pasos sin riesgo

Tu semana por el semáforo: qué le das a la IA y qué no, tarea por tarea

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Lectura: unos 11 minutos

La situación. Ya has leído el semáforo del Nivel 1 y te ha parecido razonable. Pero el lunes por la mañana, con la cola en la puerta, no te acuerdas de ningún color: sólo de que hay veinte cosas que hacer y una IA abierta en el ordenador. Lo que falta no es la teoría, es haberla aplicado una vez a tu semana.

Este caso es el cierre práctico del Nivel 1. Vas a hacer una lista de lo que de verdad haces en una semana normal, vas a clasificar cada tarea con las cinco preguntas del semáforo, y vas a usar la IA para una cosa muy concreta: que te lleve la contraria. Por el camino verás algo que conviene saber pronto: cuando le pides a una IA que clasifique qué tareas se le pueden encargar, tiende a decir que casi todas. No por mala fe, sino porque casi todo lo que se escribe sobre IA es entusiasta.

Lo que necesitas tener a mano: Media hora tranquila, papel o una nota en el móvil, y la lección de cuándo no usar IA abierta en otra pestaña. La lista no lleva nombres de pacientes ni de compañeros: «contestar al WhatsApp de un paciente sobre su tratamiento» es una tarea; el nombre del paciente no hace falta para clasificarla.

Paso a paso

  1. Escribe la semana tal como es, no como debería ser

    Coge un papel y escribe todo lo que hiciste la semana pasada que implicara escribir, leer, buscar, calcular o decidir. No lo que hace una farmacia en teoría: lo que hiciste tú. Suelen salir entre quince y veinticinco cosas, y conviene que haya de todo: lo del mostrador, lo de la rebotica, lo del equipo y lo de la gestión.

    Escríbelas como verbos concretos. No «comunicación con pacientes», sino «contestar un WhatsApp preguntando si puede tomar ibuprofeno con su tratamiento». No «gestión», sino «revisar la nómina de un técnico antes de firmarla». Cuanto más concreta es la tarea, más fácil es clasificarla, porque el color casi nunca depende del tema: depende de adónde va lo que sale.

    Una trampa frecuente es dejarse fuera las tareas pequeñas porque «eso no se lo pediría a una IA». Escríbelas igual. Son justo las que acaban en el chat un día con prisa sin haberlas pensado.

  2. Clasifícalas tú primero, sin la IA

    Antes de preguntarle nada a un modelo, colorea tú cada tarea. Para las que dudes, usa las cinco preguntas: ¿sale de mi pantalla sin que yo lo revise?, ¿hay una persona identificable?, ¿depende de un dato exacto?, ¿sabría yo si la respuesta está mal?, ¿es una decisión clínica? Basta una respuesta del lado malo para que no sea verde.

    Hazlo deprisa, sin pensarlo demasiado: lo que quieres es tu primera intuición, porque es la que vas a usar el lunes con prisa. Después marcarás dónde te equivocaste, y eso es lo que más enseña.

    Lo normal es que te salgan pocas verdes, bastantes ámbar y unas cuantas rojas. Si te salen casi todas verdes, vuelve a la cuarta pregunta —¿sabría yo si está mal?—, que es la que más gente se salta.

  3. Pídele a la IA que te lleve la contraria

    Ahora sí entra el modelo, pero con un papel muy preciso: no es el árbitro, es un abogado del diablo. Le das tu clasificación y le pides que busque dónde has sido demasiado permisivo. Es la dirección en la que conviene que se equivoque, si se equivoca.

    Trabajo en una oficina de farmacia en España. He clasificado mis tareas
    de la semana en un semáforo para decidir cuáles puedo hacer con ayuda de IA:
    VERDE (sin riesgo), ÁMBAR (con fuente y revisión), ROJO (no se hace con IA).
    
    Mis criterios: si el resultado sale de mi pantalla sin revisión, si hay una
    persona identificable, si depende de un dato exacto, si yo sabría detectar
    un error, y si es una decisión clínica.
    
    Esta es mi lista:
    pega tu lista con tu color al lado de cada tarea
    
    Busca SOLO las tareas donde creas que he sido DEMASIADO PERMISIVO
    (verde que debería ser ámbar, ámbar que debería ser rojo) y explica
    en una línea el riesgo concreto. No me propongas subir de color ninguna.

    La última línea es deliberada. Si le dejas proponer en las dos direcciones, casi toda su energía irá a decirte que eres demasiado prudente, porque eso es lo que ha leído en mil artículos sobre productividad.

  4. Compara, y quédate con lo que te sorprenda

    Pon las dos clasificaciones una al lado de la otra. Las coincidencias no te enseñan nada; las diferencias sí. Para cada tarea en la que el modelo te haya bajado un color, pregúntate si su razón es buena. A veces lo será, y te habrá señalado algo que no habías visto: un correo que acaba reenviado a un paciente, un texto interno que termina colgado en el mostrador.

    Y a veces su razón será genérica —«siempre conviene revisar»— y no aplicará a tu caso. Descártala sin culpa. Lo que buscas no es un consenso con la máquina, sino encontrar los dos o tres sitios concretos donde tu intuición del lunes por la mañana te habría fallado.

    Apunta esas dos o tres tareas aparte. Son tu lista personal de «ojo con esto», y es mucho más útil que el semáforo genérico porque está hecha con tu semana.

  5. Escribe la regla de tu farmacia en una línea por color

    El último paso convierte el ejercicio en algo que sirve a todo el equipo: una hoja con tres líneas. Qué se puede hacer con IA sin preguntar a nadie, qué se puede hacer con IA pero se revisa antes de que salga, y qué no se hace con IA en esta farmacia.

    Escríbela con las tareas de tu lista, no con categorías abstractas. «Verde: redactar borradores internos, ordenar la información de un catálogo, pedir ideas para la formación del lunes.» «Ámbar: cualquier texto que vaya a un paciente o a un médico; cualquier cifra.» «Rojo: nada con datos de un paciente identificable; ninguna decisión sobre un tratamiento.»

    Si trabajas con más gente, esta hoja es más importante que tu propio criterio, porque si cada persona aplica el suyo, decide el más laxo. La lección de responsabilidad profesional explica por qué la firma sigue siendo de la farmacia, lo haya escrito quien lo haya escrito.

Un ejemplo entero, con lo que falla

Esto es lo que contestó un modelo cuando, en lugar del prompt del paso 3, se le pasó la lista sin colores y se le pidió «clasifícame estas tareas según si puedo hacerlas con IA». Son cinco de las veinte tareas de una semana real. Está abreviado.

Lo que contesta

«Verde — Contestar el WhatsApp de un paciente que pregunta si puede tomar ibuprofeno con su tratamiento: la IA puede redactar una respuesta clara y empática en segundos.

Verde — Preparar la formación del lunes sobre protectores solares: ideal para la IA.

Verde — Revisar la nómina de un técnico antes de firmarla: la IA puede verificar los cálculos y detectar errores.

Ámbar — Redactar el cartel de la campaña de otoño: conviene revisar el tono.

Verde — Resumir la circular del Colegio sobre el cambio de horario de guardias: la IA resume documentos con gran precisión.»

Y ahora, qué falla en esa respuesta:

  1. El WhatsApp del paciente es rojo, no verde. Es una consulta sobre la medicación de una persona concreta: hay un paciente identificable al otro lado, la respuesta sale de tu pantalla y llega a él, y la decisión es clínica. Que la IA pueda «redactar una respuesta empática» no lo convierte en verde: lo convierte en un riesgo con buena ortografía. Aquí, como mucho, la IA te ayuda a escribir una frase para derivar la conversación al mostrador o al teléfono.
  2. La nómina es roja por partida doble. Lleva nombre, DNI y número de la Seguridad Social, así que no se pega; y además depende de cifras exactas que un modelo puede equivocar con el mismo tono seguro. «Verificar los cálculos» es justo lo que no hace bien. Para eso están la tabla y la calculadora de nómina.
  3. La circular del Colegio es ámbar. Resumir sí es buena tarea, pero una circular de guardias lleva fechas, horas y obligaciones: justo los datos exactos donde un resumen se come matices. Resumirla con IA está bien; organizar las guardias con el resumen sin mirar la circular, no.
  4. El único ámbar es el que menos riesgo tenía. El cartel de otoño es interno a la farmacia hasta que se imprime, y el riesgo que tiene —promesas de salud— está bien tratado en la lección. Que sea lo único marcado con cautela dice mucho del criterio que aplica: mira el tipo de texto, no a dónde va.

Cuatro de cinco clasificaciones demasiado permisivas, y todas en la misma dirección. No es casualidad: el modelo razona sobre si la IA puede hacer la tarea, que casi siempre es sí, en lugar de sobre qué pasa si la hace mal, que es la pregunta del semáforo.

Por eso el paso 3 no le pide que clasifique: le pide que busque tus errores en una sola dirección. Usado así, sus sesgos trabajan a tu favor.

Y si tu farmacia no es así

Si trabajas sola o solo en una farmacia pequeña. La lista será más corta y más mezclada, porque haces de todo. Precisamente por eso conviene: sin nadie que te revise, la hoja de tres líneas es tu segundo par de ojos. Léela antes de usar la IA para algo nuevo, al menos las primeras semanas.
Si eres titular y quieres implantarlo en el equipo. Haz el ejercicio primero tú, y luego repítelo en una reunión con la lista de cada uno. Las tareas cambian según el puesto: el técnico de la rebotica no tiene la misma semana que quien lleva la gestión. La hoja final tiene que cubrir las de todos, o el que no se vea reflejado aplicará su propio criterio.
Si en tu farmacia ya se usa la IA sin ninguna norma. No empieces prohibiendo: empieza preguntando para qué la usa cada uno y pásalo por el semáforo juntos. Casi siempre saldrá una o dos tareas rojas que alguien hacía sin pensarlo, y es mucho más fácil corregirlas cuando las ha encontrado el propio equipo.

Cuando no sale a la primera

Me salen casi todas ámbar y me desanimo.
Es lo esperable, y el ámbar no es malo: es la zona de trabajo. Quiere decir «se puede, con fuente y revisión». Lo que conviene es saber cuál es la fuente de cada ámbar, para que revisar no sea una idea vaga sino un sitio concreto al que mirar.
El modelo me baja de color casi todo, aunque le pedí sólo lo permisivo.
Entonces está siendo genérico. Pídele que para cada bajada diga qué pasaría concretamente si la tarea sale mal, y quién lo notaría. Las bajadas que no sepa concretar, descártalas.
No sé en qué color poner una tarea.
Aplica la cuarta pregunta sola: ¿sabrías tú si la respuesta está mal? Si no, no es verde, por muy inocente que parezca. Es la que resuelve la mayoría de dudas.
Mis compañeros dicen que esto es exagerado.
Enséñales el ejemplo de arriba, sobre todo el WhatsApp y la nómina. Casi nadie discute que esas dos son rojas cuando las ve escritas; lo que pasa es que el lunes con prisa nadie se lo plantea. La hoja existe para eso.

Antes de usar lo que te ha dado

Clasifica por el tipo de texto, no por a dónde va. «Redactar» le suena a verde, así que un WhatsApp a un paciente le parece lo mismo que un borrador interno. Lo que decide el color es lo que pasa si sale mal.
Confunde «puede hacerlo» con «se puede encargar». Casi todo lo puede hacer un modelo; la pregunta del semáforo es si te puedes permitir que lo haga mal. Sus respuestas contestan casi siempre la primera.
Es optimista por defecto. Lo que se ha escrito sobre IA en los últimos años es mayoritariamente entusiasta, y eso se nota en cómo clasifica. Úsalo para buscar tus errores de permisividad, nunca para darte permiso.
Ahora, con lo tuyo. Haz la lista hoy, con la semana pasada todavía fresca. Clasifícala, pásala por el prompt del paso 3 y escribe la hoja de tres líneas. Cuélgala donde la veas —junto al ordenador de la rebotica funciona— y dentro de un mes vuelve a hacer el ejercicio: verás que algunas tareas han cambiado de color porque ya sabes dónde está su fuente.

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