Las cuatro lecciones anteriores van de lo que la IA hace mal. Ésta va de algo distinto y más incómodo: qué pasa cuando sale mal y hay consecuencias.
Tres cosas que conviene tener claras antes de que hagan falta
1. La IA no es una fuente
Una fuente es algo que otra persona puede abrir y comprobar: la ficha técnica de la AEMPS, el BOE, una guía de práctica clínica, el Nomenclátor. Una conversación con un modelo no es reproducible —haz la misma pregunta mañana y puede contestar otra cosa— y eso la descalifica como fuente por definición, no por desconfianza.
Lo cual no quiere decir que no sirva. Quiere decir que su salida hay que anclarla a una fuente de verdad antes de usarla, que es lo que se practicó en la lección 3.
2. Lo que se documenta es la comprobación, no la consulta
Si una intervención acaba registrada —una revisión de medicación, un informe para el paciente, una nota en el SPD— lo que va anotado es la fuente que la sostiene y lo que tú decidiste. No «consultado con IA». Y no por esconderlo: es que ese dato no informa a nadie que lea la hoja después.
3. Delegar la redacción no es delegar el contenido
Que un texto lo haya escrito una IA no cambia nada: lo firmas tú. Es exactamente igual que un cartel escrito por un compañero al que no revisaste. La diferencia es que del compañero desconfías por defecto y del texto bien redactado, no — y ahí está la trampa.
Dónde queda la línea, en la práctica
| Lo que hace la IA | Lo que sigue siendo tuyo |
|---|---|
| Redactar el consejo | Que el consejo sea correcto y aplicable a esa persona |
| Resumir un informe | Lo que el resumen se ha dejado fuera |
| Proponer una pauta | Contrastarla con la ficha técnica antes de decirla |
| Ordenar y dar formato | Que lo ordenado sea lo que había |
| Traducir al paciente | Que la traducción no cambie el significado clínico |
| Sugerir cuándo derivar | La decisión de derivar |
Lo que este sitio no te va a decir
Aquí no hay una interpretación jurídica de lo que pasaría en un procedimiento concreto, y desconfía de quien te la dé en una página web. Lo que sí es sólido y basta para trabajar: el acto profesional lo realizas tú, y el uso de una herramienta no traslada esa realización a nadie más. Para lo demás —seguro de responsabilidad civil, normas de tu colegio sobre publicidad y consejo, requisitos de tu comunidad— la respuesta buena está en tu colegio, no aquí.
Un ejemplo entero, con lo que falla
La tabla de arriba se entiende leyéndola. Lo que no se ve leyéndola es lo rápido que un texto bien escrito cruza la línea sin avisar, y lo bien que se camufla el cruce. Este ejemplo es el encargo más inocente que existe.
Lo que se pide: «Escríbeme una nota breve para darle a un paciente mayor que se lleva un antiinflamatorio y toma también un anticoagulante, para que la lea en casa.»
Información para usted
Según la ficha técnica del medicamento, la combinación de antiinflamatorios con anticoagulantes orales aumenta el riesgo de sangrado. Lo que usted presenta es una interacción de riesgo moderado, habitual en pacientes de su edad.
Le recomendamos suspender el antiinflamatorio y sustituirlo por paracetamol 1 g cada 8 horas mientras persista el dolor. Vigile la aparición de hematomas, sangrado de encías o heces oscuras.
Ante cualquier duda, consulte con su farmacéutico.
Farmacia ____________ · Fecha ____________
Y ahora, qué falla en esa respuesta:
- «Según la ficha técnica» lo has firmado tú, no él. Esa frase convierte una respuesta de un modelo en una cita de una fuente oficial, y al imprimirla la estás avalando: quien lea el papel entenderá que alguien fue a CIMA y lo miró. Si no fuiste, acabas de atribuirle a la AEMPS algo que no dijo. Y lo peor es que el fallo no está en el contenido —la interacción es real— sino en la atribución, que es justo lo que nadie revisa porque suena a rigor.
- «Lo que usted presenta es…» es un diagnóstico escrito. Cambia de registro sin que se note: pasa de informar a caracterizar el caso de esa persona. Y le pone gravedad («moderado») sin haber visto ni una analítica ni el resto del tratamiento. En una conversación de mostrador nadie lo diría así; en un papel impreso queda escrito, con la farmacia debajo, y se lo puede enseñar a su médico.
- «Suspenda» y una pauta concreta: ahí está la línea. Suspender un tratamiento es una decisión clínica y va con quien lo prescribió. Y el «paracetamol 1 g cada 8 horas» llega sin preguntar por función renal ni por hepatopatía ni por lo demás que tome. El modelo no ha hecho nada raro: le pediste una nota útil y las notas útiles terminan en una recomendación. Es el encargo el que lleva a la línea, no el modelo — por eso hay que ponerla tú en la petición.
- Y el pie lo convierte en un documento de tu farmacia. «Farmacia ____ · Fecha ____» no lo pediste: lo ha añadido porque es lo que llevan los documentos que se parecen a éste. Con esos dos huecos rellenados, el papel deja de ser una nota y pasa a ser algo con aspecto de registro profesional, que es como lo va a leer el médico al que se lo enseñe. Y «consulte con su farmacéutico» al final no rescata nada: viene después de haber dicho qué suspender y qué tomar.
La versión que sí se puede imprimir dice lo mismo y no cruza nada: qué vigilar, en qué casos volver a la farmacia o ir al médico, y ni una decisión tomada. Se consigue diciéndolo en el encargo — «sin recomendar suspender nada, sin dosis y sin citar fuentes» — y cuesta once palabras.
La regla que queda para siempre: lo que va a llevar tu nombre lo lees con la pregunta «¿esto lo diría yo con estas palabras?», no con «¿está bien escrito?». La segunda pregunta la contesta el modelo mejor que tú; la primera no la puede contestar nadie más.
Y si tu farmacia no es así
Cuando no sale a la primera
Antes de pasar a la siguiente lección
- Sé que una conversación con un modelo no es una fuente, y por qué.
- Documento la fuente y mi decisión, no la herramienta que usé.
- Sé que firmar un texto redactado por IA es firmarlo igual.
- Distingo lo que la IA puede hacer de lo que sigue siendo mío.
- Para las dudas de responsabilidad civil y colegiales, pregunto al colegio.
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