Escuela IA · Nivel 2 · Lección 5

Usar la IA para revisar lo que ya has escrito

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Todas las lecciones anteriores de este nivel parten de un mismo tipo de encargo: pedirle a la IA que escriba algo desde cero. Ésta es distinta, y por eso merece su propia lección: aquí el texto ya existe, lo has escrito tú, y lo que le pides al modelo es que lo lea —que te diga qué se entiende mal, qué sobra, qué falta y dónde suena raro—. Es un encargo con reglas propias, porque el riesgo de inventar algo cambia de sitio: ya no está en lo que escribe, está en lo que te hace cambiar de tu propio texto sin que haga falta.

Lo esencial en una frase. Cuando revisa, el modelo no tiene ningún documento de referencia contra el que comparar tu texto —no sabe si tu redacción es correcta, sólo si suena bien—, así que su opinión sobre el estilo vale mucho y su opinión sobre los hechos que contiene tu texto no vale nada, y hay que tratarlas de forma completamente distinta. Confundir las dos es el error más habitual de este uso, y suele pasar porque las dos respuestas llegan escritas con el mismo tono seguro, sin que nada en el formato distinga cuál es una opinión bien fundada y cuál es una afirmación sin verificar.

Qué se le puede pedir, y qué no

Se le pideFiabilidad
«¿Esta frase se entiende bien?» Alta. Juzgar claridad y estructura es exactamente lo que un modelo de lenguaje hace mejor, porque es puro juicio sobre la forma, no sobre datos externos.
«¿Sobra algo, se repite alguna idea?» Alta, por el mismo motivo: es una pregunta sobre la estructura del propio texto, que tiene delante entero, no sobre el mundo fuera del texto.
«¿Este dato que he puesto es correcto?» Baja. Aquí ya no está juzgando tu texto: está contestando una pregunta de hechos, y eso es exactamente el terreno de la lección de alucinaciones — necesita verificarse en una fuente, no en su opinión sobre lo que has escrito.
«¿Falta algo importante que debería estar?» Media. Puede señalar huecos estructurales obvios —un documento de instrucciones sin apartado de contraindicaciones—, pero no puede saber si falta un dato concreto que tú no le has contado que existe.
La trampa más cara de este uso. Si le pegas un texto con un dato erróneo y le pides que lo revise, es fácil que la revisión salga centrada en el estilo y no diga nada sobre el error de fondo —porque no se lo has pedido, y un modelo tiende a contestar a la pregunta que se le hace, no a la que debería hacerse—. Que no señale un error no significa que no lo haya: significa que no se lo has pedido a él y que sigue siendo tu responsabilidad comprobarlo en otro sitio.

Un truco que multiplica lo útil de esto: pedirle un papel concreto

«Revisa esto» a secas suele dar una respuesta correcta pero genérica. Funciona mucho mejor pedirle que revise desde un papel concreto, porque eso le da un criterio claro con el que juzgar en vez de una noción vaga de «bien escrito»:

El papel no cambia la fiabilidad de fondo —sigue sin poder verificar hechos, sólo juzgar forma—, pero cambia mucho la utilidad de lo que te devuelve, porque le da un criterio concreto en vez de dejarle elegir uno genérico por su cuenta.

Un ejemplo entero, con lo que falla

Has escrito un cartel para el escaparate anunciando el servicio de revisión de medicación, y le pides al modelo que lo revise antes de imprimirlo.

Tu texto original: «¿Tomas más de cinco medicamentos? Ven y te hacemos una revisión completa gratuita de tu medicación, sin cita previa, y te garantizamos que no tendrás ninguna interacción peligrosa.»

Lo que dice la revisión

«El mensaje es claro y la pregunta inicial engancha bien. Sugiero acortar la última frase para que quepa mejor en un cartel: algo como “revisión completa y gratuita, sin cita previa”. También valora si “completa” aporta algo o si se puede quitar para ganar espacio.»

Y ahora, qué falla en quedarse sólo con esa revisión:

  1. La revisión de estilo es buena y hay que hacerle caso. Acortar el texto para un cartel es un consejo acertado, y es justo el tipo de mejora que este uso aporta mejor que cualquier otra cosa.
  2. Y se ha dejado pasar el problema real, que no era de estilo. «Te garantizamos que no tendrás ninguna interacción peligrosa» es una afirmación que ninguna revisión puede garantizar de verdad —es exactamente lo que la revisión de la medicación (una lección del Nivel 3) explica que no se puede prometer sin conocer el caso—, y encima puede ser una promesa problemática desde el punto de vista de la publicidad de servicios sanitarios.
  3. El modelo no lo señaló porque no se lo pediste. Le pediste una revisión de estilo y te la dio; no le pediste que comprobara si el contenido era una afirmación segura de hacer, y esa es una pregunta distinta que hay que hacer aparte, explícitamente.
  4. La lección: pedir dos revisiones distintas, no una. Una de estilo —«¿se entiende, sobra algo, cabe en el espacio?»— y otra de contenido —«¿hay alguna afirmación aquí que no debería hacer, alguna promesa que no se pueda cumplir?»—, porque son dos preguntas con una fiabilidad completamente distinta y mezclarlas en una sola petición favorece que la de estilo se lleve toda la atención.

Y si tu farmacia no es así

Si lo que revisáis son las redes sociales de la farmacia. Añadid siempre la pregunta de contenido aparte de la de estilo, con más motivo que en cualquier otro caso: un error de tono en una publicación pública se corrige con una disculpa; una afirmación no autorizada sobre un medicamento puede tener consecuencias reales, y las redes son donde más fácil es escribir deprisa y revisar sólo por encima.
Si sois varias personas revisando el mismo documento por turnos. Usad la IA para la primera pasada de estilo, antes de que lo vea la segunda persona, en vez de como sustituto de esa segunda revisión humana. La IA nunca sustituye a un segundo par de ojos humano en algo importante; adelanta el trabajo mecánico para que ese segundo par de ojos se centre en lo que de verdad importa.
Si el texto es largo —un protocolo interno, una guía de varias páginas. Pedid la revisión por secciones, no de golpe: con un documento largo, la revisión tiende a concentrarse en las primeras páginas y a volverse más superficial hacia el final, igual que le pasaría a una persona leyendo deprisa.
Si el documento va a llevar la firma de la farmacia o de un colegiado. Aquí la revisión de estilo importa menos que la de responsabilidad: antes de nada, comprobad que ninguna frase afirma algo que no podéis sostener si alguien os lo pide por escrito. Es la lección de responsabilidad profesional aplicada aquí — la firma sigue siendo vuestra, revise quien revise el borrador.
Si el texto es para uso interno, nunca lo va a leer nadie de fuera. Aquí el nivel de exigencia baja mucho, y una revisión rápida de estilo suele ser suficiente sin necesidad de la segunda pregunta de contenido —el riesgo de una afirmación problemática en un documento que sólo ve el equipo es mucho menor que en algo público.
Si el texto lo habéis escrito entre varios, mezclando estilos. Pedid explícitamente que señale los cambios de tono dentro del mismo documento, no sólo si cada frase suena bien por separado. Un texto escrito a varias manos puede tener cada párrafo correcto por su cuenta y sonar a tres personas distintas leído seguido, que es justo lo que cuesta más detectar leyéndolo tú mismo porque ya conoces de memoria cada parte.

Cuando no sale a la primera

Le pido que revise y me reescribe el texto entero sin que se lo haya pedido.
Sé explícito con lo que quieres de vuelta: «señala los problemas, no reescribas el texto» si lo que quieres es la lista de qué falla para corregirlo tú mismo, en vez del texto ya cambiado. Las dos cosas son útiles en momentos distintos, pero conviene elegir cuál quieres en cada caso.
Las sugerencias de estilo que me da no me convencen, suenan demasiado genéricas.
Dale más contexto de para quién es el texto y con qué objetivo —igual que en la lección de anatomía de un prompt—. «Revisa esto para un cartel de escaparate que va a leer gente de pie, en cinco segundos» produce sugerencias más útiles que «revisa este texto» a secas.
¿Puedo pedirle que revise si el tono es demasiado agresivo o demasiado blando?
Sí, y es uno de los usos donde más acierta: el tono es exactamente el tipo de juicio sobre la forma del texto que un modelo evalúa bien, porque no depende de ningún hecho externo que tenga que verificar, sólo de cómo suena lo que ya has escrito.
He pedido las dos revisiones —estilo y contenido— y sólo me ha contestado a la de estilo.
Sepáralas en dos mensajes distintos en vez de una sola petición larga. Con las dos preguntas juntas, es fácil que la respuesta se concentre en una de las dos y trate la otra de pasada; pedidas por separado, cada una recibe la atención completa.
¿Sirve también para revisar la ortografía y la gramática, no sólo el estilo?
Sí, y es de lo más fiable de todo este uso —la ortografía y la gramática son reglas fijas, no juicios—, aunque conviene revisar igualmente los cambios que propone antes de aceptarlos en bloque, porque alguna «corrección» puede en realidad estar cambiando el sentido de una frase ambigua en vez de sólo su forma.
Le doy un papel concreto —«léelo como un paciente mayor»— y la respuesta sigue sonando genérica.
Añade una restricción de comportamiento, no sólo de identidad: «señala cada palabra que ese paciente no entendería, una por una» funciona mejor que «léelo como un paciente», porque convierte un papel abstracto en una tarea concreta y verificable —una lista— en vez de en una impresión general difícil de comprobar.
¿Puedo pedirle que compare dos versiones mías y me diga cuál es mejor?
Sí, y funciona bien para lo mismo que el resto de este uso: forma, no contenido. Puede decirte cuál se lee mejor o cuál es más breve; no puede decirte cuál es más correcta si la diferencia entre las dos versiones es un dato, no una cuestión de estilo. Pídeselo explícitamente diciendo en qué se diferencian —tono, longitud, claridad— para que la comparación tenga un criterio y no sea una preferencia genérica.

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