Escuela IA · Nivel 1 · Lección 2

Qué pasa con lo que escribes: memoria e historial

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La lección anterior fue sobre qué se puede escribir: nada que identifique a nadie. Esta es sobre lo que pasa después de darle a enviar con algo que ya cumple esa regla. Son dos preguntas distintas, y confundirlas es el error más caro de esta lección: un texto sin nombre ni DNI sigue viajando a un servidor de una empresa privada, y ahí empieza otra historia que no tiene nada que ver con la primera.

Lo esencial en una frase. Que un texto no identifique a nadie no significa que sea inocuo de mandar. Adónde va, cuánto tiempo se guarda y quién más lo puede leer dentro de la empresa que hace el modelo son tres preguntas con respuesta distinta según la cuenta con la que entres — y casi nadie las mira antes de pegar el primer texto.

Las tres preguntas, y por qué no dan la misma respuesta siempre

PreguntaPor qué cambia según la cuenta
¿Se usa para entrenar el modelo siguiente? En la mayoría de herramientas gratuitas, sí, salvo que lo desactives a mano en los ajustes de privacidad. En una cuenta de pago para empresas, casi siempre no —es literalmente parte de lo que se paga—, pero «casi siempre» no es «siempre»: hay que leerlo en las condiciones de esa cuenta en concreto, no suponerlo por el precio.
¿Cuánto tiempo se guarda el historial? Por defecto, indefinidamente mientras la cuenta exista. Algunas herramientas ofrecen un modo de «chat temporal» o incógnito que no se guarda en el historial visible —pero eso no siempre significa que no quede ni rastro en los servidores durante una ventana de retención corta, por motivos de seguridad y abuso.
¿Quién dentro de la empresa lo puede leer? Casi ninguna conversación la lee una persona. Pero las políticas de las principales herramientas contemplan que una muestra pueda ser revisada por moderación humana si salta algún filtro de seguridad —y tú no decides qué salta ese filtro.
Por qué esto no es teoría. Activar el modo temporal o incógnito no es un capricho cuando pegas algo de la farmacia: es la diferencia entre un borrador que se olvida en veinticuatro horas y un texto que queda asociado a tu cuenta de correo del trabajo de forma indefinida. No hace falta que el texto identifique a nadie para que esa diferencia importe —importa igual con un texto perfectamente anónimo, porque lo que está en juego no es la identidad del paciente: es qué sabe de tu farmacia una empresa a la que no le has firmado ningún contrato de confidencialidad.
Lo barato de arreglar esto. No hace falta leerse ninguna política de privacidad entera para estar razonablemente cubierto: basta con dos hábitos. Uno, entrar siempre con la cuenta de empresa cuando exista, y no con la personal del móvil por comodidad. Dos, si sólo tenéis la gratuita, activar el modo temporal o incógnito cada vez que la consulta tenga que ver con la farmacia —aunque sea sobre un caso ya anonimizado—. Son dos decisiones que se toman una vez, al principio de la conversación, y no vuelven a exigir pensar en ello durante el resto del día.

Un ejemplo entero, con lo que falla

La misma consulta, hecha dos veces, cumpliendo las dos la lección de privacidad al pie de la letra —sin nombre, sin DNI, sin fecha de nacimiento, sin nada que identifique a nadie—. La diferencia está en cómo se hizo, no en qué se preguntó.

La consulta, igual en las dos: «Mujer de unos setenta años, hipertensa, en tratamiento con enalapril, dice tener mareo desde hace dos días al levantarse. ¿Qué pregunto antes de decidir si deriva?»

Lo que pasa en cada versión

Versión A, en el chat normal, con la cuenta personal de tu móvil. La respuesta llega igual de bien en las dos versiones —eso no es lo que falla—. Lo que pasa es que este intercambio queda en el historial de esa cuenta, indefinidamente, hasta que alguien lo borre a mano; y si la política de esa cuenta gratuita es entrenar con las conversaciones —que es la que trae por defecto la mayoría—, ese texto pasa a formar parte del material con el que se ajusta la siguiente versión del modelo.

Versión B, en modo temporal, con la cuenta de empresa de la farmacia. El intercambio desaparece del historial visible al cerrar la ventana, y la cuenta de empresa trae por contrato la cláusula de no-entrenamiento. Sigue existiendo una ventana corta de retención en el servidor por motivos de seguridad —eso no lo evita ningún modo—, pero es una ventana de días, no una permanencia indefinida asociada a tu nombre.

Y ahora, qué falla en dar por buena la versión A:

  1. Cumplir la lección de privacidad no es cumplir ésta. Son dos ejes distintos y las dos preguntas tienen que hacerse las dos: «¿identifica a alguien?» y «¿qué pasa con esto después de mandarlo?». Un texto puede aprobar la primera pregunta y suspender la segunda sin que te des cuenta, porque no hay ningún aviso en pantalla que te lo diga en el momento de escribir.
  2. La cuenta con la que entras importa más que lo que escribes. El mismo texto, tecleado con la cuenta personal o con la de empresa, tiene un destino distinto. Y nadie te lo pregunta antes de dejarte escribir: la herramienta funciona igual de bien con las dos, así que no hay ninguna señal que te avise de que has entrado con la que no toca.
  3. Borrar del historial visible no es lo mismo que borrar de los servidores. Las ventanas de retención por seguridad son habituales incluso con el borrado hecho, y suelen rondar los treinta días. No es una fuga, es una política escrita en la letra pequeña —pero cambia lo que puedes prometer si alguien te pregunta «¿y esto dónde queda?».
  4. Un archivo subido no siempre se trata igual que el texto tecleado. Un PDF o una foto que arrastras a la conversación puede pasar por un proceso de análisis distinto al del texto —a veces con un almacenamiento aparte para el propio fichero, no sólo para la conversación sobre él—. Si el documento en sí llevaba algo que debía anonimizarse, ese paso hay que darlo antes de subirlo, no después de preguntar sobre él.

Y si tu farmacia no es así

Si ya pagáis una cuenta de empresa. Entonces el trabajo no es convencer a nadie de pagar: es comprobar que todo el equipo entra con esa cuenta y no con la personal del móvil cuando la de empresa tarda en cargar o exige iniciar sesión otra vez. La cláusula de no-entrenamiento no protege nada si la mitad de las consultas del mostrador se hacen desde una cuenta gratuita porque es la que ya estaba abierta.
Si sois varias personas compartiendo una sola cuenta. El riesgo no cambia de naturaleza, pero sí de tamaño: el historial de esa cuenta acumula consultas de todo el equipo en un solo sitio, así que un descuido de una persona —pegar algo que no debía— queda mezclado con el trabajo de las demás y es más difícil de rastrear después. Vale la pena que cada uno tenga su propio acceso, aunque sea dentro del mismo plan de empresa.
Si usáis el móvil personal para consultas rápidas del mostrador. Es el caso más habitual y el más fácil de pasar por alto: el móvil es tuyo, así que se siente privado, pero la cuenta que tiene instalada suele ser la gratuita de siempre. La solución barata es instalar también la app con la cuenta de empresa y acostumbrarse a elegir cuál se abre —dos segundos que cambian todo lo demás de esta lección.
Si la farmacia trabaja con una VPN o una red corporativa. Eso protege el tramo de la conexión —que nadie intercepte el tráfico de camino al servidor—, pero no cambia nada de lo que pasa una vez que el texto ha llegado a la empresa que hace el modelo. Son dos capas de seguridad distintas y ninguna sustituye a la otra: una VPN sin la cuenta correcta sigue mandando el texto a entrenar el modelo siguiente.
Si nunca habéis mirado esto y no sabéis qué cuenta tenéis. Empezad por lo más barato de comprobar: abrid los ajustes de privacidad de la herramienta que usáis y buscad la opción de «usar mis conversaciones para mejorar el modelo» o equivalente. Si está activada y nadie la ha tocado nunca, es casi seguro que estáis en el plan gratuito por defecto, y ya sabéis qué preguntar antes de escribir la siguiente consulta.

Cuando no sale a la primera

He borrado la conversación de mi historial, ¿ya está?
Está borrada de lo que tú ves, que es lo que de verdad importa para el día a día. Lo que no puedes prometer con certeza es que no quede ningún rastro en los servidores durante la ventana de retención de seguridad, que suele ser de días o semanas. Para el uso normal de mostrador esto rara vez es un problema práctico; lo que cambia es lo que puedes afirmar si alguien te pregunta directamente «¿esto queda guardado para siempre?». La respuesta honesta es «no en lo que yo veo, y por poco tiempo en el servidor».
Mi jefe o la gestoría nos ha dado una cuenta compartida para todo el equipo.
Funciona, y es mejor que nada —pero mira si esa cuenta permite crear accesos individuales dentro del mismo plan, que es lo habitual en las cuentas de empresa de pago. Si no lo permite, al menos acordad una norma sencilla: nadie pega nada que no pegaría delante de todo el equipo leyendo por encima del hombro, porque literalmente cualquiera con acceso a esa cuenta puede abrir el historial.
Usamos la versión gratuita en el ordenador de la farmacia porque nadie ha pedido la de pago.
Es la situación más habitual, no una excepción. El paso que de verdad cambia las cosas no es «pedir la de pago» en abstracto: es comparar lo que cuesta al mes con lo que ya gastáis en otras suscripciones del negocio, y llevarle esa cifra concreta a quien decide, en vez de la idea vaga de «deberíamos tener la de empresa».
No sé si nuestra cuenta es de pago o gratuita, ni quién la contrató.
Es más frecuente de lo que parece en farmacias donde la cuenta la montó alguien que ya no está o un proveedor externo. Mirad el correo de facturación asociado a la cuenta —si hay un cargo mensual recurrente en la tarjeta de la farmacia, es de pago; si no hay ningún cargo, es gratuita— y a partir de ahí ya se puede decidir con datos en vez de con suposiciones.
He subido una foto de un envase para preguntar algo y no sé qué pasa con esa imagen.
Trátala con el mismo criterio que un texto: si la foto no muestra nada que identifique a una persona concreta —ni una etiqueta con un nombre, ni un fondo reconocible de tu mostrador con algo delante—, el riesgo es el mismo que el de cualquier otro contenido que subas a esa cuenta. Si la foto sí tiene algo de fondo que no debería estar, recórtala antes de subirla en vez de confiar en que el modelo lo ignore: un modelo que analiza imágenes lee literalmente todo lo que hay en el encuadre, no sólo lo que le preguntas sobre él, y no tiene forma de saber qué parte del fondo era sin querer.

Antes de dar esto por aprendido

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