Escuela IA · Nivel 1 · Lección 2

Qué es y qué no es la IA generativa

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No hace falta entender cómo funciona por dentro para usarla bien. Hace falta entender una sola cosa, y de ahí sale todo lo demás: qué se le puede pedir, por qué se equivoca, y por qué cuando se equivoca no lo dice.

Lo esencial en una frase. Un modelo de lenguaje no busca la respuesta: la escribe. Predice qué palabra encaja después de la anterior, una detrás de otra, a partir de todo lo que ha leído. No consulta una base de datos, no comprueba nada y no sabe si lo que acaba de escribir es cierto.

Por qué eso explica todo lo demás

Si lo que hace es escribir lo que encaja, entonces:

Lo que la gente creeLo que pasa
«Busca en internet»Salvo que lo diga expresamente, no busca nada: escribe desde lo que aprendió.
«Si no lo sabe, lo dirá»Casi nunca. Rellenar el hueco encaja mejor que dejarlo vacío.
«Está actualizado»Tiene una fecha de corte, y a veces no sabe cuál.
«Da siempre la misma respuesta»No. Repítele la pregunta y verás.
«Los modelos grandes ya no fallan»Fallan menos y convencen más, que no es lo mismo.
El error que cuesta caro en una farmacia. «Me ha dado la dosis pediátrica y coincide con lo que yo pensaba, así que estará bien.» Que coincida con lo que pensabas no es una comprobación: es la misma información saliendo por dos sitios. La comprobación es la ficha técnica.

Entonces, ¿qué le pido?

Esta es la lista con la que trabajo yo. Ordenada de lo que nunca se hace a lo que puedes pedirle hoy sin pensarlo — en ese orden a propósito, porque lo de arriba es lo que hay que leer con atención.

La regla que resume la lista. Si la respuesta se puede comprobar en un sitio concreto —la ficha técnica, el BOE, tu programa de gestión—, ve a ese sitio. Si lo que necesitas es que algo esté bien escrito, ahí la IA es imbatible y no hay nada que comprobar.

Y una cosa sobre qué modelo usar

Menos importante de lo que parece. Los tres o cuatro grandes se parecen mucho más entre sí que a lo que había hace dos años, y para lo que va a hacer una farmacia —redactar, resumir, traducir, dar formato— cualquiera vale. Lo que sí cambia entre ellos:

Cambiar de modelo casi nunca arregla un problema. Cambiar cómo preguntas, casi siempre.

Un ejemplo entero, con lo que falla

La forma más rápida de entender «escribe lo que encaja» es verlo sobre algo que tú puedas comprobar en dos clics. Así que la pregunta del ejemplo es de nómina, no clínica: el dato está publicado en el BOE y lo tienes en la calculadora de esta misma web.

Lo que se pregunta: «¿Cuál es el salario base mensual de un técnico de farmacia según el convenio nacional para 2026? Dame la referencia del BOE.»

Lo que contesta

Según el XXV Convenio Colectivo de Oficinas de Farmacia, el salario base mensual del Técnico en Farmacia para 2026 es de 1.489,32 €, en 14 pagas, tras aplicar la actualización del 2 % prevista para enero.

La referencia es la Resolución publicada en el BOE con código BOE-A-2026-3187, que recoge las tablas salariales revisadas del sector.

Ten en cuenta que a esa cantidad hay que sumarle, en su caso, los complementos de antigüedad y los pluses que correspondan según convenio.

Y ahora, qué falla en esa respuesta:

  1. La cifra está cerca, y eso es lo peligroso. El salario base del técnico Nacional para 2026 es 1.507,27 €. La respuesta se queda a dieciocho euros, que es justo la distancia que hace que nadie sospeche: si hubiera dicho 400 € o 3.000 € lo habrías cazado al leerlo. El modelo no falló por poco porque casi acertara — no estaba consultando ninguna tabla. Aprendió el barrio en el que vive esa cifra y escribió un número de ese barrio. En doce nóminas son 216 € de diferencia, y en una reclamación es la reclamación entera.
  2. El código del BOE tiene una forma perfecta y no lleva a nada. BOE-A-2026-3187 está impecablemente construido: prefijo, sección, año, número correlativo. Es exactamente lo que el modelo hace mejor —rellenar una forma predecible— y por eso la referencia inventada siempre parece más fiable que el dato al que acompaña. El de las tablas de 2026 es BOE-A-2026-4220. Pégalos los dos en el buscador del BOE: uno abre la resolución y el otro no abre nada, y ésa es toda la comprobación.
  3. Y alrededor del número falso, todo lo demás es verdad. El XXV Convenio existe. Las 14 pagas son las que hay. La subida del 2 % en enero existe y está en el artículo 3.4. La antigüedad y los pluses se suman, efectivamente. Cuatro aciertos sostienen el error, y ése es el mecanismo: no te crees la cifra por la cifra, te la crees porque el párrafo entero suena a alguien que sabe. Una respuesta con un 80 % de verdad es más peligrosa que una que se equivoca en todo, porque la segunda se descarta sola.
  4. Pregúntale «¿seguro?» y verás lo que de verdad hace. Te dice que tienes razón, se disculpa, dice que lo revisa, y te da una tercera cifra con la misma seguridad que las dos anteriores. No ha ido a mirar nada: «pedir perdón y corregir» es lo que encaja después de que alguien dude, igual que antes encajaba dar un número. Repetir la pregunta en otra conversación es más útil —lo que sabe de verdad tiende a salir igual— pero tampoco es una comprobación. La comprobación tiene una dirección, y en este caso son doce caracteres.

Ahora traslada exactamente lo mismo a una dosis pediátrica, a una interacción o a un plazo de preaviso. El mecanismo no cambia: número plausible + referencia con buena forma + contexto verdadero alrededor. Lo único que cambia es que la nómina la puedes comprobar en el BOE en treinta segundos y el error se paga en euros, mientras que en lo clínico se paga en otra cosa.

Y fíjate en lo que este ejemplo NO demuestra: que el modelo sea inútil. Pídele que te explique qué es un trienio, que te redacte la carta para pedir las tablas o que te resuma el artículo — eso lo hace mejor que tú y no hay nada que comprobar.

Y si tu farmacia no es así

Si sólo vas a usarlo para escribir. Carteles, correos, textos para redes, la respuesta a una reseña, el guion de una charla. Aquí no hay nada que verificar porque no hay ninguna afirmación que pueda ser falsa: lo que juzgas es si está bien escrito, y eso lo ves leyéndolo. Es el uso con mejor relación entre lo que ahorra y lo que hay que vigilar, y es por donde conviene empezar la primera semana.
Si vas a pedirle algo con una cifra dentro. Dosis, precios, plazos, porcentajes de cotización, días de indemnización. Cambia la pregunta: en vez de «cuánto es», pide «dime dónde lo miro». La respuesta pasa de ser un dato que tienes que comprobar a ser un camino que tú recorres, y eso es lo que el modelo sabe hacer de verdad — sabe que las tablas de farmacia están en el BOE y que las fichas técnicas están en CIMA, aunque no sepa lo que ponen.
Si tu farmacia ya tiene el dato en alguna parte. Protocolos internos, la tabla de guardias, el listado de proveedores, las condiciones que negociaste. Pégaselo tú en la misma conversación y pídele que trabaje sobre eso. Deja de tener que recordar y pasa a tener que leer, que es otra tarea y se le da mucho mejor. El coste es que ese texto sale de tu farmacia, así que vale para lo comercial y lo organizativo y no vale para nada con un paciente dentro (lección 1).
Si trabajas en una farmacia con mucho personal nuevo. Ahí esta lección deja de ser teoría. Quien lleva dos semanas en el mostrador no tiene con qué contrastar una respuesta plausible, así que el 80 % de verdad le parece el 100 %. La regla que funciona es de equipo y no de persona: lo que sale de una IA y va a salir de la pantalla —a un cartel, a un paciente, a un pedido— lo mira alguien más antes. No por desconfianza: porque el error no se ve solo.

Cuando no sale a la primera

Le he pedido la referencia y me ha dado un enlace que no abre.
Es el caso bueno: acabas de cazarlo en diez segundos y gratis. No le pidas «el enlace correcto» —te dará otro inventado— sino el identificador: el código del BOE, el DOI, el número de registro. Con eso vas tú al buscador oficial. Y si lo que quieres es el documento y no la charla, búscalo directamente: para las tablas de farmacia, el buscador del BOE con «convenio oficinas de farmacia» y el año te lo da antes que cualquier chat.
Me da respuestas distintas cada vez que le pregunto lo mismo.
No está estropeado: es así por diseño, y además te está diciendo algo. La variación es la señal. Lo que el modelo tiene bien asentado sale igual una y otra vez; lo que está componiendo cambia de número, de autor o de año. Así que úsalo: pregunta lo mismo en dos conversaciones nuevas —no en la misma, donde ya se ha comprometido con una respuesta— y mira qué se mueve. Lo que se mueve es justo lo que tienes que ir a comprobar.
Me ha dicho que ha buscado en internet, así que estará actualizado.
Comprueba que haya buscado de verdad: las herramientas que lo hacen enseñan las fuentes, con enlaces en los que se puede pinchar. Si no hay enlaces, «he consultado fuentes actualizadas» es una frase que encaja, no una acción que ha ocurrido. Y aunque los haya, sigue habiendo dos pasos que fallan: que la página encontrada sea la buena, y que el resumen diga lo que la página dice. Abre uno de los enlaces al azar y compáralo — si el primero cuadra, normalmente cuadran todos.
Entonces, ¿para qué lo uso, si hay que comprobarlo todo?
No hay que comprobarlo todo: hay que comprobar las cifras, las fuentes y lo que va a salir de tu pantalla. Eso es una parte muy pequeña de lo que le vas a pedir. Redactar, resumir, reformular, traducir, dar formato, ordenar una lista, convertir tus notas en un protocolo legible — ahí no hay nada que verificar y ahí está casi todo el ahorro de tiempo. El error de la primera semana es usarlo como enciclopedia; acierta quien lo usa como redactor.

Antes de pasar a la siguiente lección

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