Escuela IA · Nivel 4 · Agentes · 1 de 4

Qué es un agente de IA (de verdad)

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Lectura: unos 20 minutos

«Agente de IA» se ha convertido en una palabra que no significa nada, y eso es un problema práctico: si no sabes qué es exactamente, no puedes saber cuándo te hace falta —que es pocas veces— ni por qué es peligroso —que es siempre que escriba algo—. Esta lección no lleva ni una línea de código. Es la que hace que las tres siguientes se entiendan.

Un agente es un modelo metido en un bucle, con herramientas y un criterio de parada. Eso es todo. No hay más. Y de esa frase salen las tres cosas que importan: que actúa, que decide cuántas veces actúa, y que puede equivocarse haciendo, no sólo diciendo.

Lo que vas a entender al terminar

  1. Qué es un agente y en qué se diferencia de un chat y de un script
  2. Las cuatro piezas, una por una
  3. Por qué el bucle es lo caro y lo arriesgado a la vez
  4. Cuándo un agente es la herramienta equivocada (la mayoría de las veces)
  5. Dónde va el humano, y por qué no va donde todo el mundo lo pone
  6. Qué puede salir mal, con nombre y apellidos

1. Chat, script y agente: tres cosas distintas

Los tres usan el mismo modelo. Lo que cambia es quién decide qué pasa después, y eso lo cambia todo.

ChatScriptAgente
Quién decide el siguiente paso Tú, escribiendo otra vez Quien lo programó, de antemano El modelo, sobre la marcha
Puede tocar algo No. Devuelve texto Sí, lo que le dijeron Sí, y elige él qué
Número de llamadas al modelo Una por mensaje Cero o una fija Desconocido de antemano
¿Da el mismo resultado dos veces? Casi Siempre No necesariamente
Cuánto cuesta una ejecución Sabido Cero Un rango
Cuando falla Lo ves y reescribes Da error Puede seguir adelante
Mira la última fila, que es la que nadie mira. Un script que falla se para y lo sabes. Un agente que falla en medio del bucle puede seguir: interpreta el error como información, cambia de plan y termina «bien» habiendo hecho algo que no querías. Sin excepción, sin traza roja y con un resumen final perfectamente redactado.

2. El bucle, que es toda la idea

Encargo «Prepárame el pedido» El modelo lee el encargo y decide qué hacer ahora ¿Necesita una herramienta? Se ejecuta y devuelve un resultado Respuesta y el bucle termina NO vuelve al modelo El contexto todo lo que lleva visto hasta ahora
El bucle completo. Lo único que separa a un agente de un chat es la flecha de vuelta: el resultado de la herramienta entra otra vez en el modelo, que decide de nuevo. Ese bucle se repite hasta que el modelo contesta sin pedir nada más — o hasta que tú lo paras. Cada vuelta es una llamada al modelo, y cada llamada cuesta.

Léelo otra vez despacio, porque es literalmente el 90 % de lo que hay que saber:

  1. Le das un encargo y una lista de herramientas que puede usar.
  2. El modelo mira el encargo y decide: ¿puedo contestar ya, o necesito algo?
  3. Si necesita algo, no lo hace él: pide que se ejecute una herramienta, con unos argumentos concretos.
  4. Tu código la ejecuta de verdad y le devuelve el resultado.
  5. Ese resultado entra en el contexto y se vuelve al paso 2.
  6. Cuando el modelo contesta sin pedir nada, el bucle termina.
El modelo nunca ejecuta nada. Esto es lo que más cuesta interiorizar y lo que más tranquiliza cuando se entiende: el modelo sólo puede pedir. Lo que ocurre de verdad lo hace tu código, con tus condiciones. Un agente no es peligroso porque el modelo pueda hacer cosas — es peligroso porque tú le has escrito una herramienta que sí puede.

3. Las cuatro piezas

Cualquier agente, del más tonto al más elaborado, tiene exactamente estas cuatro. Si alguien te vende una quinta, es marketing.

3.1. Las instrucciones

El texto fijo que va delante de todo: qué es, qué puede hacer, qué no, y qué hacer cuando no sepa. Es el mismo prompt de sistema de la lección del chatbot, y aquí pesa más, porque lo va a releer en cada vuelta del bucle.

Y ojo con esto, que sale caro: las instrucciones se envían enteras en cada vuelta. Un prompt de sistema de 2.000 palabras en un agente que da diez vueltas son 20.000 palabras pagadas. La disciplina de escribirlo corto no es estética: es la mitad de la factura.

3.2. Las herramientas

Una herramienta son dos cosas juntas: una función que tú escribes y una descripción que lee el modelo. La función hace el trabajo; la descripción decide si el modelo la usa bien, la usa mal o no la usa.

Esto merece una lección entera —y la tiene— porque casi todos los fallos de un agente que «no funciona» son en realidad fallos de descripción. El modelo no ve tu código. Ve una frase.

3.3. El contexto

Todo lo que el agente lleva visto: el encargo, lo que decidió, lo que pidió, lo que le devolvieron. Crece en cada vuelta, y crece rápido — el resultado de una herramienta que devuelve una tabla de 200 filas son 200 filas metidas en el contexto de las vueltas siguientes.

De aquí sale un consejo de diseño que ahorra mucho dinero: una herramienta devuelve lo que hace falta para decidir, no todo lo que tiene. «Dame los 12 productos bajo mínimos» y «dame el inventario» son la misma consulta a la base de datos y dos facturas muy distintas, porque la segunda arrastra 3.000 filas por cada vuelta que queda.

3.4. El criterio de parada

Cuándo se acaba. Y son dos, no uno:

El tope no es una red de seguridad opcional: es obligatorio. Un modelo confundido puede pedir la misma herramienta una y otra vez esperando un resultado distinto, y sin tope eso es un bucle infinito que gasta tu cuota hasta que se acaba. No es hipotético — es el primer fallo que se ve al montar un agente, y le pasa a todo el mundo. Lo verás tú la primera tarde.

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