Escuela IA · Nivel 2 · Lección 1

Anatomía de un buen prompt

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Un prompt no es una frase mágica. Es un encargo, y un encargo se juzga por lo mismo que cualquier encargo que le hagas a alguien: si está claro qué quieres, para quién, con qué forma y qué debe hacer cuando le falte un dato.

La pieza que casi nadie escribe es la que más cambia la respuesta. No es «actúa como un farmacéutico experto» —eso lo hace solo en cuanto le preguntas de farmacia—, es «si te falta algún dato, dímelo en vez de suponerlo». Sin esa línea el modelo contesta con la misma seguridad lo que sabe y lo que no.

Las cinco piezas, por lo que cuesta dejárselas

PiezaQué pasa si falta
La tarea
crítico
Sin verbo no hay prompt: hay un tema. Y ante un tema el modelo escribe una enciclopedia, que es lo que menos te sirve con alguien esperando.
Qué hacer si no lo sabe
alto
Rellena el hueco. No por mentir: porque nadie le ha dicho que «no lo sé» sea una respuesta que se pueda dar.
El contexto
alto
Contesta sobre el caso medio. El caso medio no entra por tu puerta.
El formato
medio
Sale prosa, y la prosa se relee. Releer en el mostrador es tiempo.
El papel
bajo
Casi nada — y es la pieza que las guías de prompts ponen la primera. Sirve para fijar a quién le habla, no para que acierte más.

Escríbelo por piezas

Rellena lo que quieras y pulsa. Abajo sale el prompt montado y, debajo, qué te has dejado y qué te cuesta.

Desde dónde habla. Es la pieza que menos cambia la respuesta.
Quién lo va a leer, qué ya sabes tú, el texto de partida.
El verbo: resume, compara, extrae, reescribe, comprueba.
Tabla, tres viñetas, 80 palabras, una frase.
La instrucción que le permite NO contestar.

Tu prompt

Lo que falta

Lo que este ejercicio NO comprueba

Que el prompt sea bueno. Comprueba que están las cinco piezas, que es una condición necesaria y no suficiente: un prompt con las cinco puede pedir algo que no se le puede pedir a un modelo —eso lo decide el semáforo de riesgo— y una respuesta con forma impecable puede estar mal —eso lo decide verificarla.

Y el detector de identificadores caza lo obvio: un DNI, un NIE, un número de la Seguridad Social, un teléfono, un correo, una fecha de nacimiento. No caza —ni puede— «la señora del tercero que viene los martes», que identifica exactamente igual y es muchísimo más frecuente. Por eso el criterio está en la primera lección y no en un detector.

Cuatro atajos que sí funcionan

Un ejemplo entero, con lo que falla

La tabla de arriba dice lo que cuesta dejarse cada pieza. Este ejemplo lo enseña, que es otra cosa: la misma consulta escrita de las dos maneras, con las dos respuestas debajo. Es el mismo caso, el mismo modelo y el mismo día.

Versión corta: «¿Qué le puedo dar a alguien con tos seca?»

Versión con las cinco piezas: «Eres farmacéutico comunitario en España. Viene una persona adulta pidiendo algo para la tos seca de tres días, sin fiebre. Dime en tres viñetas qué preguntar antes de dispensar, qué opciones hay sin receta y cuándo derivar. Si te falta algún dato para decidirlo, dímelo en vez de suponerlo.»

Lo que contesta

Lo que contesta la versión corta. Para la tos seca, las opciones más habituales son los antitusivos como el dextrometorfano o la codeína en formulaciones de venta en farmacia, así como preparados con cloperastina. También pueden ayudar las pastillas emolientes y una buena hidratación. Es importante mantener una humedad adecuada en el ambiente y evitar irritantes como el tabaco. Si la tos persiste más de dos semanas, conviene consultar al médico.

Lo que contesta la versión larga. Antes de dispensar, pregunta: si la tos es realmente seca o hay expectoración, qué medicación toma —especialmente antihipertensivos del grupo de los IECA, que causan tos seca— y si hay asma, EPOC o alergia conocidas. Opciones sin receta: antitusivos de venta libre según la ficha técnica de cada uno y demulcentes, valorando interacciones y somnolencia. Deriva si hay fiebre, disnea, dolor torácico, esputo hemoptoico, pérdida de peso, tos de más de tres semanas, o si es un lactante. Me falta un dato para afinar: no me has dicho qué más toma esa persona ni si hay embarazo.

Y ahora, qué falla en esa respuesta:

  1. La corta no está mal. Está al lado. Todo lo que dice es cierto y nada de lo que dice sirve para la persona que tienes delante: te da un repaso de opciones cuando lo que necesitabas era qué preguntar antes. Y como no hay ningún error, no hay nada que te avise de que has recibido otra cosa. Éste es el coste real de dejarse la tarea — no una respuesta peor, sino una respuesta a otra pregunta.
  2. Sin contexto, se inventa el contexto. Fíjate en que la corta habla de codeína sin preguntar la edad, y la codeína no es para cualquiera. No es que se haya equivocado: nadie le dijo quién era el paciente, así que cogió el de la media — adulto, sin nada más, sin embarazo, sin otra medicación. El caso medio no entra por tu puerta, y el modelo no tiene forma de saber que el tuyo no lo es.
  3. El formato no es estética: es tiempo de mostrador. La corta son seis líneas de prosa que hay que releer para sacar tres cosas. La larga son tres viñetas que se leen de un vistazo con alguien esperando. La diferencia no está en lo que sabe el modelo: está en que una la puedes usar de pie y la otra no. En esa situación, un párrafo que hay que releer es un párrafo que no se lee.
  4. Y la última línea de la larga es la que vale el ejercicio. «Me falta un dato: no me has dicho qué más toma ni si hay embarazo.» Eso es lo que hace un compañero y lo que un modelo no hace jamás si no se lo pides — porque contestar encaja mejor que preguntar. Cuesta once palabras en el prompt y cambia la naturaleza de la herramienta: pasa de darte siempre una respuesta a decirte cuándo la respuesta no se puede dar todavía.

Ahora una cosa importante sobre este ejemplo, para no sacar la conclusión equivocada: la versión larga no es «mejor prompt», es otro encargo. La corta pedía un repaso de opciones y lo dio bien. Si de verdad querías el repaso, estaba perfecta.

La pregunta que hay que hacerse al escribir no es «¿está bien redactado mi prompt?» sino «¿he dicho qué quiero hacer con la respuesta?». De ahí salen solas las cinco piezas, y por eso el compositor de arriba no las rellena por ti.

Y si tu farmacia no es así

Si la respuesta es para ti y la vas a leer entera. Entonces sobran tres de las cinco piezas y no pasa nada. Con la tarea y con qué hacer si no lo sabe vas servido: el formato da igual porque lo vas a leer igual, el papel no cambia nada y el contexto lo pones mentalmente al leer. Escribir cinco piezas para preguntarte una duda propia es ceremonia, y la ceremonia se abandona a la tercera vez.
Si el resultado lo va a leer un paciente. Ahí las dos piezas que mandan son el contexto y el formato, y hay que ser mucho más concreto de lo que parece: «para una persona mayor que lee con dificultad, frases de menos de quince palabras, sin tecnicismos y sin abreviaturas». Sin eso sale un texto correcto y de nivel universitario. Y después queda la comprobación de la lección del Nivel 1: simplificar se come los matices, así que el texto se relee contra el prospecto.
Si vas a repetir el mismo encargo cada semana. El cartel del mes, el resumen de novedades, el correo al proveedor. Escríbelo una vez con las cinco piezas y guárdalo en una nota, con un hueco donde va lo que cambia. Es la diferencia entre volver a pensarlo cada vez —y por tanto dejarse una pieza distinta cada vez— y pegar y rellenar. Aquí es donde la anatomía deja de ser teoría: no es para escribir mejor, es para no volver a escribirlo.
Si trabajáis varias personas con el mismo encargo. Entonces la pieza que hay que fijar de casa es qué hacer si no lo sabe, porque es la que nadie escribe por su cuenta y la que evita el problema de verdad. Un prompt compartido con esa línea dentro, pegado donde esté el ordenador, vale más que explicar el concepto. Lo demás —papel, formato— que lo ajuste cada uno según para qué lo use; eso no hace daño si se cambia.
Si estás empezando y sólo te vas a acordar de una cosa. Que sea pegar el texto en vez de describirlo. Es la que más cambia el resultado de las cuatro del final, y no exige entender nada: «resume este prospecto» con el prospecto debajo y «resume el prospecto de X» son dos herramientas distintas — en la segunda el modelo escribe de memoria y ahí es donde se inventa. Si el mes que viene sólo has incorporado ese hábito, ya has quitado la mitad de los problemas de todo el Nivel 1.

Cuando no sale a la primera

Escribo las cinco piezas y la respuesta sigue siendo genérica.
Mira el contexto: casi siempre es que está escrito en abstracto. «Una persona mayor» es genérico; «mujer de unos 80, con el tratamiento crónico que te pego debajo, que viene sola y no se acuerda de los nombres» es concreto — y lo segundo no lleva ni un identificador, que es el equilibrio de la lección 1 del Nivel 1. Pégale además el texto de partida en vez de describirlo: la mitad de las respuestas genéricas son respuestas escritas de memoria.
Le digo que me avise si le falta un dato y nunca avisa.
Suele pasar por dos motivos, y los dos se arreglan. Uno: la instrucción va al final, detrás de una pregunta muy concreta que «tira» de la respuesta — súbela arriba. Dos: no le has dicho qué datos considerarías imprescindibles. «Si te falta algo, dímelo» es vago; «no decidas sin saber la edad, la función renal y el resto del tratamiento: si no te los he dado, pídemelos» es una instrucción que se puede cumplir.
Mi prompt ocupa media pantalla y me da pereza escribirlo.
Entonces lo estás escribiendo cada vez, que es el error de método, no de longitud. Las cinco piezas se escriben una vez por tipo de encargo —extraer, resumir, redactar para paciente— y después se pega la plantilla y se cambia lo de dentro. Y si aun así es largo: quita el papel y el formato, que son las dos piezas más baratas de perder. La tarea y el «qué hacer si no lo sabe» no se quitan.
He visto plantillas de prompts para farmacia por internet. ¿Las uso?
Úsalas como ejemplo y míralas con esta lección delante: casi todas llevan tres piezas de papel y ninguna de «qué hacer si no lo sabe». «Actúa como un farmacéutico experto con veinte años de experiencia» ocupa una línea entera y no cambia casi nada. Si una plantilla te ahorra escribir el formato y el contexto, bien; si lo que te da son adjetivos, le falta justo lo que importa y la vas a usar creyendo que estás cubierto.
Le pido una sola cosa y me contesta tres.
Es lo contrario del problema habitual y tiene el mismo origen: un encargo sin formato se rellena hasta donde el modelo cree que se espera. Di el tamaño y el número — «tres viñetas, nada más» — y se acaba. Y si lo que te sobra es la introducción de cortesía («claro, con mucho gusto, aquí tienes…»), pídele que empiece directamente por el contenido: en una consulta de mostrador esas dos líneas son las que te obligan a bajar la vista antes de encontrar lo que buscabas.

Antes de dar esto por aprendido

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